
III
Y así empieza el calvario.
Con el cine de luchadores que en Francia se creyó que era culto al arte, aunque en su propuesta kitsch, ofreció una propuesta innovadora y nacida de la vida urbana. También aparece el cine de rumberas y arrabaleros, que retrata la dura vida pero en la ciudad. Sin embargo, la hermana del entonces presidente López Portillo, intentando eliminar este tipo de cine y buscando el cine familiar, obtiene la aparición de un cine mas agresivo, ahora con “ficheras” (prostitutas), desnudos y palabrotas.
Luego, viene el cine hecho fuera del DF, los “cabrito western”, abordando las problemáticas de la frontera y el narcotráfico, que llegó a tener gran poder de convocatoria. Con el presidente De la Madrid, fue más importante la deuda externa y los desastres naturales como para acordarse de la cultura. Con Salinas se trasladó el asunto del cine de la Secretaria de Gobernación a la de Cultura, ya que era necesario asumirle de una naturaleza distinta a la radio y televisión, pues a diferencia de éstas uno sale del hogar y conscientemente va a exponerse a otro tipo de medio. Así que al fin, ya no depende del presupuesto y lógica del Estado.
En los noventas hay un resurgimiento del cine, aparecen directores con propuestas frescas, pero son coptados por USA. Sin embargo, ha habido cambios importantes en la forma de retratar a México. Gael García es un nuevo exponente, aunque él más bien guste de decir que es Latinoamericano, no mexicano. Y qué decir de Iñarritú, Del Toro y Quarón. Mucho cine, pero con guiones y producción extranjera. Es decir, intereses más “universales”: como los monstruos, “ficheras” de carretera “gringa”, mega producciones de brujos ingleses, etc. Tienen dinero en la producción, pero temáticas muy pobres, lejos de brindar nuevas propuestas; quisiera pensar que están condicionados a “crear” tal miseria, para retener el dinero y no por falta de creatividad. Aunque en este sentido, tal vez no “tengan” por que ser nacionalistas y se entreguen a la demanda mundial de producciones muy ricas visualmente pero efímeras.
IV
La estela del cine de la mitad del siglo XX, dejó en España, imágenes de: Cantinflas, Jorge Negrete… básicamente. El cine actual les parece demasiado lejano, e incluso inexistente. O ya en el peor de los casos ajenos a su entendimiento.
Muy, muy lejos quedó cuando, debido a la guerra de las naciones poderosas, dejaron un gran margen de maniobras que aprovechó la industria mexicana para producir un raudal de películas y, siendo quizá el mayor productor, exportó imágenes, temas y personalidades.
Para muchos extranjeros, las mujeres mexicanas ya no somos María Félix, sino las sufridas de las telenovelas, las malas, maleducadas y ambiciosas, o las sirvientas ignorantes y estúpidas. Nuestros héroes, creen que son los futbolistas y que todos somos del y cómo el D.F. O peor aún: como en las películas de rancheros de hace mucho años ha.
Y yo les digo, que aunque las calles de mi ciudad no están todas pavimentadas, que hay corrupción y narcotráfico, que matan a la gente frente a comisarías, que aún llevan agua en pipas, es decir como en las películas; las mujeres vamos a las universidades, hay muchísimos Hummer, la mayor parte de nuestras tiendas son “gringas”… aunque no lo crean. Y también, existen mexicanos con la piel muy blanca, alta; con otro acento, mujeres con carácter, científicas reconocidas a nivel mundial, gente conciente y organizada fuera de la izquierda (algo así como una verdadera masa crítica), hombres que trabajan de sol a sol y discuten con amigos sobre la vida política del país, que se endeudan con las tarjetas de crédito y viajan constantemente a Phoenix o las Vegas, tienen la tecnología de punta que llega tarde a Europa; y no, no todos comemos ni alacranes ni escorpiones, aunque vivamos en el desierto, y más aún, nuestro desierto, no todo es un paisaje fabuloso.
Pero eso, no fue considerado hace más de cincuenta años en la época de oro del cine. Y ahora, no se puede hacer un retrato fidedigno de la diversidad, pues las películas mexicanas están ausentes o su contenido es demasiado regionalista como para divulgar nuestra realidad. Porque si no hay peleas de perros, sustituyendo a los gallos; mujeres grises llorando por el que se va; suciedad y pobreza… entonces no la identifican con México. Y ellos quieren seguir sus vidas cotidianas resueltas donde el mexicano es un borracho a la sombra de un cactus, y la mujer está en casa vestida de negro llorando, enojada o en el chisme…
Y ante tal situación… solo me queda mirar a la gente con cierta indulgencia y pensar que ingenuos y perezosos somos en todo el mundo. Y que por más que lo esperen, no importaré un cactus para que mi pareja deje el doctorado y se siente a la sombra a beber tequila.
¡”Habrase” visto!… diría mi abuela.