
En México, no me habría ocupado nunca en explicar que yo no soy como las mexicanas del cine o la televisión. La primera vez que tuve que hacerlo -fuera de México, por supuesto- me quedé suspendida intentando sintetizar… pero no supe cómo…
Después estuve lista y presta para dar algunas sendas explicaciones sobre el imaginario y la realidad de lo mexicano, pero nadie tiene más de dos minutos para mantener la atención en una cuestión cultural ajena a su propia idiosincrasia, pues bastan los prejuicios para entrar en contacto con los otros. Será porque éstos sirven como eficaces medios para relacionarnos con el mundo; y a veces resulta hasta cómodo asumirse como nos ven los otros -aunque no nos guste la imagen que tengan- pero, sabiendo cómo nos perciben, ya podemos saber qué se espera y cuales estrategias podemos usar para eliminar esas predisposiciones.
En fin. Aquí si que comentaré aquello que intenté exponer, pero que nunca pude por los dos minutos que me impedían hacerlo.
Yo no soy como pintan a la mexicana: ni diva, ni ignorante.
Pues para empezar, la imagen de lo mexicano como cultura altiva, peleonera, perezosa, confusa, ignorante, etc., tiene más relación con los íconos del cine mexicano de la época que salió al mundo -y que tuvo el gran acierto y error de sintetizar en íconos ciertos sectores sociales que si bien pintaban “su” realidad, pero no la de todos, y menos la de la actualidad.
Así que me di a la tarea de buscar un texto que abarcara aquello que ya intuía: el nacimiento del imaginario actual de quienes somos, hundiósus raíces en el cine mexicano. Y lo encontré en la página de 100 años del cine mexicano, de Maximiliano Maza. Ahí, se hace un recuento de los principales acontecimientos que marcaron al cine mexicano y la imagen que ofreció al exterior. Esto puede servir como contexto y a modo de ejemplo, de las principales características que debería tener un mexicano y una mexicana, según esos estándares.
I
Resumiendo el contenido de 100 años del cine mexicano podemos decir que México tuvo la fortuna de dar los primeros pasos junto al primer cinematógrafo, en la época de Porfirio Díaz, quien además de heredarnos el compadrazgo en la forma de hacer política, aprovechó el cine para dejar constancia de su “grandeza” cuasi monárquica, convirtiéndose en el primer protagonista de una cinta mexicana.
Por cuestiones estratégicas, hubo que realizarse cine original en nuestro país, debido a que lo que se transmitía, eran repeticiones de lo que se había realizado inicialmente para promocionar la venta del cinematógrafo.
De esta manera el cine inició sus pasos con documentales. Luego, con la revolución vino la oportunidad de grabar a una guerra; de esta manera puso las bases para los futuros noticieros; incluso, la forma de filmar y dar seguimiento a la revolución mexicana hizo escuela y fue copiada para filmar la Primera Guerra Mundial, es decir, con perspectivas de los dos bandos.
Luego llegaron las influencias externas, entre ellas, la filmación de la ficción que ya tenía importancia en USA y Europa. Pero los ciudadanos mexicanos al no diferenciar entre ficción y realidad, se impactaron y molestaron con la primera historia basada en un suceso reciente: un altercado real que se incluía en la película.
Algo parecido filmó Edison en USA con su Kinetoscopio, el cual era la competencia del Cinematoscopio. Edison grabó un duelo a navajazos entre dos mexicanos, lo que dejó una honda huella en el imaginario de cómo era y como se podía asumir el carácter del mexicano. Es decir, la mirada norteamericana fue la que internacionalizó algo que ocurría efectivamente en la vida cotidiana de nuestro país, pero que no representaba a la mayoría, aunque fuese la forma típica de arreglar cuentas en una nación con un incipiente estado de derecho.
Precisamente por esta imagen peyorativa, presente en las películas “gringas”, el público mexicano no las aceptaba. Preferían las europeas, en particular las italianas que trajeron consigo la imagen de la diva: las mujeres que encendían pasiones y que iban ad hoc con la apertura del mundo con respecto a la liberalización de la mujer.
Luego, aparecen los seriales norteamericanos que terminaron por ser aceptados por el público mexicano. Con ello llega el cine sonoro y el intento de olvidar el horror de la guerra.
A raíz de la sonorización del cine, un buen numero de directores y actores procedentes de USA, llegaron al país. Los primeros con la intención de hacer una industria del cine y los segundos al aparecer el nuevo formato se presentaba la barrera del idioma. Con este contingente, el cine mexicano acogió a grandes creativos y figuras de gran talento.
II
Y la edad de oro empezó a mostrar de nuevo su brillo. Con Lázaro Cárdenas, el primer presidente que se mantenía por fin hasta el final de su mandato, un grupo de intelectuales de izquierda revisitaron la Revolución Mexicana en sus escritos, música, pintura y otras expresiones, gestándose un proyecto consciente, dirigido o no, de lo que habría de ser la imagen de México.
En cierta medida, la estética de lo mexicano en el cine de la época dorada, se debió a la influencia rusa. Su mejor exponente y recreador de ésta fue Eisenstein, quien con ¡Viva México!, capturó la esencia del prejuicio extranjero, extrayendo lo más hermoso y representativo en el imaginario de sus amigos estadounidenses. Ya lo dijo García Riera (1986): “la estética visual de ¡Que viva México! (1930-1932) tuvo una gran influencia en el cine nacional. Los bellos paisajes, las nubes fotogénicas y la exaltación del indígena fueron tres elementos sobresalientes de esta propuesta estética. Este estilo fue visto como derivado de la pintura muralista, especialmente de la de Diego Rivera“.
A ello debe agregarse la gran influencia del grupo comunista que, organizados primero como artistas e intelectuales, luego como partidarios, influyeron en gran medida en la difusión del México profundo.
Con la llegada a la presidencia del primer civil, Alemán Valdés (después de la Revolución Mexicana, se sucedían en ella militares), se hacen las gestiones para estatizar el cine. Con ello, hay un primer intento de eliminar monopolios y tuvo como resultado, entre otros, que surgiera poca producción; al mismo tiempo la industria del cine ya venía desplomándose y copiándose, teniendo que enfrentarse además, a la aparición de la televisión y la oferta cinematográfica extranjera; la reacción fue buscar una formula que abaratará los costos aunque repercutiera en la calidad.
La segunda y última parte se enfoca al declive del cine mexicano y por supuesto, su estado actual…