Sin escape
Es una tarde soleada pero fría. Es común en esta época del año según me han dicho. No hay gente en las calles. Hay mucho silencio. Sería un día perfecto para disfrutarse, sin embargo …
Aquí estoy, atrapado, sin escape. Me estremezco debido al temor que siento. Mis piernas y brazos no me responden. Y aunque me respondieran no serviría de mucho, pues me tiene encajonado, no me deja un sólo camino de salida. Siento correr mi sangre fría, mi corazón se ha paralizado y a pesar del silencio no escucho mi respiración. Mi mente está bloqueada. La profecía se ha vuelto realidad.
Es un ser monstruoso, inimaginable. Su posición de ataque y defensiva al mismo tiempo me impone su dominio. Me observa y se deleita con mi miedo como si intuyera lo que siento en este momento. ¿Acaso puede saber lo que estoy pensando? Puedo ver la furia en sus ojos que amenazan con exterminarme. Me analiza. Se aproxima. Puedo notar que su dentadura parece de acero. ¿Qué pasará conmigo? Se acerca un poco más y puedo percibir su aliento repugnante que me asfixia. Creo que son mis últimos instantes.
Me hubiera gustado vivir un poco más para disfrutar de este día. Ni hablar, tengo que aceptar mi destino. A fin de cuentas soy un pobre bistec en el plato de Mía, la mascota.