¡Hay tamales calientitos!
Ciertamente el 2 de febrero tiene una historia, digamos, religiosa, llena de ideologías, ritos y creencias. La mayoría de éstas conmemora los 40 días del nacimiento de Jesús. Aquí se puede ahondar mucho más sobre este tema, que no es sobre el cual quiero escribir hoy.
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Hoy estoy interesado en esa tradición que tenemos los mexicanos de comer tamales este día. En retrospectiva, el pasado 6 de enero, dentro de las millones de roscas vendidas en nuestro país, iban escondidos también millones de pequeños muñecos de plástico.
Todo mundo tuvo al menos tres reuniones para comer rosca: en la oficina, con los amigos y con la familia. Cada persona, con sumo respeto, nerviosismo y expectación, tomó con firmeza el cuchillo y se dispuso a partir un pedazo de rosca. Aquellas personas con más que buena suerte se sorprendieron al ver que, cuando los menos afortunados cortaron su cacho correspondiente y dejaron entrever la cabeza del muñeco en la parte de rosca que se quedaba en la mesa, estas personas se hicieron pato.
A pesar de la discusión que se armó, esas personas que casi degollan al muñeco se comprometieron a llevar a la oficina, a la casa de la suegra, con la hermana, con el compadre o con la vecina, una buena dotación de tamales para compartir con la comunidad.
Tamales que pueden variar de forma, color, sabor y hasta textura. Los hay de verde, de rojo, de rajas, de dulce, oaxaqueños, yucatecos, de chipilín, hidalguenses y muchas variedades más. Incluso, si se quieren ver como verdaderos gourmets, hasta podrían llevar unas exquisitas guajolotas.
A quienes la dieta no les impedirá deleitar su paladar este día, ¡Buen provecho! Quienes están sometidos a un regimén alimenticio … ¿Qué más dá? Al fin que es viernes y pueden comenzar nuevamente el lunes, ¡Buen provecho también!