Un mexicano pozolero también puede ser un buen ciudadano
En días pasados un amigo me decía que nuestra identidad cultural ha sido producto de procesos institucionales maquiavélicos y por tanto, deberíamos prescindir de esta identidad, arrancarla de raíz y buscar una acorde a las nuevas realidades…
Creo que, así como se hacen cosas con buenas intenciones y se tienen resultados no esperados o perversos, también es posible que de las prácticas negativas puedan surgir tradiciones positivas pues alrededor de ella se entretejen generosidades y solidaridades… En particular, considero que no se debería condenar la comida o las fiestas tradicionales mexicanas, solo por estar relacionadas con identidades o circunstancias que mejor valdría no recordar, pues una vez que se institucionalizan las tradiciones, -así como muchas otras prácticas- se pueden olvidar cuales fueron sus fuentes y quedarse solo con la expresión artística o pueden llegar a darles reinterpretaciones de su sentido según los usos y convertirse incluso en una crítica de la misma sociedad…
Si el folclore es una respuesta a su tiempo también es una forma de agruparse y expresar en esas oportunidades la crítica… aunque ciertamente a veces también sirve como forma de evasión al problema.
Ahora bien, ser un verdadero ciudadano del mundo no es solo buscar una nueva identidad sino cuidar la que se tiene, como bien cultural que ha logrado generar lazos de intercambio… Me parece que la multiculturalidad impone el reto de la convivencia a pesar de las diferencias, por lo tanto no se trata de homogenizar sino de que haya leyes acordes y que la gente asimile que siempre vivirá con gente distinta a ella a quienes debe respetar, de quienes puede aprender o disfrutar sus tradiciones, pero siempre conviviendo en paz…
Una cultura cívica es lo que debe universalizarse, no una cultura nacional ni global…
Si la diversidad es lo que hace que haya sobrevivientes (pues si unos perecen por sus características, otros por no tenerlas sobreviven)… pero las leyes son las que obligan a los demás a no acabar con los diferentes… y que bueno, pues todos lo somos desde la perspectiva del otro…
Un mexicano, al igual que los eurocentristas adolece de asumirse como centro u ombligo del mundo; no por orgullo sino por no reconocer en los demás el derecho a ser centro y puntode partida… Y al parecer es un problema de Latinoamérica… y América en general… y…
Pero dudo mucho que borrando las tradiciones, la gente se haga más cívica… aunque no dudo que la cultura mediática del hedonismo y la futilidad si que deben erradicarse pues eso hace mas daño que cualquier añeja cultura o tradición culinaria o artística.
Prefiero convivir con un ranchero ignorante que muy lentamente se adapta a la ciudad, que con alguien de la ciudad quien exige inmediatez en todo solo para asegurarse su propio beneficio sin pensar en los demás; pues, la equivocación del primero se remedia aprendiendo, pero la del segundo creo que solo aumenta con el tiempo ya que no desconoce las reglas sino que las ignora a propósito…
Así que si un mexicano deja de comer tamales, pozole, menudo; de bailar zapateado, danzón, marimba; o deja de decir albures, no creo que sea garantía de que se convierta en ciudadano; pero sí se le enseña a respetar a los demás tendrá cabida y será respetado siempre en todas partes…
El Corán, se dice, no contiene descripción alguna de un camello; de ahí su supuesta autenticidad como verdadera literatura¨”árabe”, pues no pretende mediante el uso de los elementos “tradicionalmente” reconocidos por los “otros” como “propios” de una ubicación cultural o geográfica definida, ergo, una identidad, legitimarse como tal.
Dice Danntara que la manteca no quita lo cosmopolita; cierto. Pero me pregunto por qué los “otros” se intrigan cuando les digo que no como chile, ni tomo tequila y que la música vernácula mexicana no forma parte de mi catálogo… “¿Es que no lo hacen todos?”, preguntan. De ello, pregunto: ¿Por qué debemos presentarnos con nuestro folclore por delante? Por supuesto, alguien dirá con razón que eso es un mecanismo de interacción que practican todos los extranjeros en tierras extrañas y etcétera.
Pero en mi experiencia viviendo fuera de México, en España para ser precisos, pocos son los emigrantes – por las razones que sean – que se vanaglorien tanto y tan ruidosamente de su folclore y que desprecien tanto y con tanta enjundia las formas propias del lugar que les acoge como los mexicanos, dígase comida y otras manifestaciones en general; o que hagan tanto escándalo por extrañar las “formas y los colores” de eso que reconocen como “México”.
El funesto “juego de los espejos”, la forma que nos enseñaron los “otros” de cómo debe ser “lo nuestro” y que hemos naturalizado queda más que patente.
Creo que algunas manifestacines culturales lo son porque encuentran público, pero otras más cotidianas como los alimentos, existen porque permiten el uso de ingredientes a la mano, es decir, euna cuestión práctica…
Y es verdad, fuera de México, sin el fenotipo del mexicano tradicional y sin las señas identitarias que nos “cuelgan” tales como el ser flojos, prepotentes, gritones, usar un vocabulario regional, ect., les parecemos algo irreal y a veces insisten en que asumamos nuestro rol de los humildes, cabisbajos y exóticos latinos tercermundistas…
No me veo en ese espejo… Pero viviendo en México, algunos ni siquiera están conscientes del espejo y asumen como propia la mirada externa…
Gracias por tu comentario.