Morir en México
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Si acaso tiene planeado morir en los próximos meses,
le recomiendo, si le es posible y si quiere a su
familia y aprecia al médico que llenará su certificado
de defunción, que lo haga en el hospital y no en casa.
Si por algún motivo o razón, digamos, si vive en el
Distrito Federal y el tráfico le impide llegar al
hospital, le sugiero, si es factible, que lo escondan
en la cajuela del automóvil donde viajaba y luego lo
depositen en algún servicio de urgencias. Si acaso
vive en la miseria y es usted uno de los 60 millones
de pobres que lo siguen siendo, a pesar de las cifras
de Vicente y de Marta, y fallece en casa, lo insto a
que lo entierren a escondidas sin que nadie se entere.
Finalmente, si no logra morir en casa, lo invito a
escribir unas horas antes del fallecimiento una carta
en la que se disculpe con sus familiares por el
desmadre que tendrán que vivir antes de enterrarlo y
una pequeña nota donde explique a su galeno que no son
voluntarios ni la pena ni los dolores de cabeza que le
acarreará hasta conseguir un certificado de defunción
y lograr que éste sea avalado por las autoridades de
salud y por los encargados de las agencias funerarias.
Víctima de la estupidez “del nuevo manual para morir
en México” sugiero: A) De preferencia es mejor
fallecer en casa. B) Si se muere en el domicilio debe,
idóneamente, ser en horas hábiles. C) Los médicos no
pueden equivocarse al llenar los certificados de
defunción. D) Los galenos deben tener buena letra. E)
Los doctores deben saber más medicina para no
defraudar los conocimientos del Ministerio Público. F)
Kafka vive y es mexicano.
Extraído del artículo “Morir en México” de Arnoldo Kraus publicado en La Jornada (09/Nov/2005)