Propósito tardío
Sunday, January 25th, 2009Me gusta México. Me gustan su historia y sus costumbres. Me gusta su cultura. Me gustan sus playas, sus destinos turísticos prehispánicos, coloniales y ecológicos. Sus bellezas naturales. Me gusta su gente, sus mujeres. Me gusta su música, sus compositores. Me gusta su literatura y sus autores. Me gusta el cine mexicano, sus directores y actores. México es hermoso y tiene mucho que ofrecer al mundo.
Lamentablemente México está perdiendo todo su encanto y resplandor. La razón no es una. O, bueno, tal vez si es una, pero se manifiesta de diversas formas. Ejemplos sobran y sólo mencionaré algunos hoy porque mi objetivo no es criticar. La corrupción en todos los niveles del gobierno permite que haya inseguridad no solo en las calles, sino dentro de los hogares, oficinas y establecimientos comerciales. Esta situación no se limita a las grandes ciudades, también permite que en los pequeños poblados haya injusticias, donde los campesinos y ganaderos pierden sus cosechas y animales. Esto repercute en toda la población, que dejó de ser crítica y exigente a causa de su impotencia y de la inacción de sus dirigentes, para adoptar una actitud mediocre y conformista. Y esto último, la sutileza de los mexicanos, propicia que las esferas gubernamentales se sigan aprovechando de nosotros sus gobernados, que al parecer hemos perdido la esperanza y los sueños que heredamos de los revolucionarios hace un siglo atrás. Con esto se cierra el ciclo, mientras tanto, estamos a la espera de que alguien llegue y, como por arte de magia, por no decir milagro, mueva un dedo para que la situación mejore.
Creo que ya es hora de que nos demos cuenta de que la posibilidad de mejorar está en cada uno de nosotros, que, al ser pequeños engranes dentro de toda esa maquinaria llamada México, si nos comenzamos a mover en la misma dirección, juntos, con un mismo propósito, lograremos hacer de México el país que tanto hemos deseado. Ya basta de esperar a que llegue un presidente, un diputado, un senador o un delegado que nos saque de la pobreza. Ya basta de decir “¡A ver si éste si!”.
Empecemos a cambiar, girar como ese pequeño engrane. Motivemos a los que están a nuestro al rededor, a nuestros hijos, hermanos, compañeros de trabajo, de escuela. ¡Ya es tiempo! ¡México necesita de nosotros!
¿Cómo podemos empezar a cambiar? Muy sencillo: despojémonos del egoismo y hagamos del bien común nuestro objetivo. No es posible lograr ese México tan deseado si sólo lo queremos para nosotros. ¡Rescatemos el civismo! ¡México somos todos! ¿Cómo podemos continuar el cambio? No es tan sencillo como lo anterior, pero es por demás factible: hagamos de la lectura parte de nuestra rutina diaria y fomentemosla. Tenemos que formarnos un criterio, recuperar ética y valores. ¿Y después? El cambio general no se dará de la noche a la mañana, ni en una semana, ni en un mes o un año. Esto requiere tiempo, una década, dos, tal vez tres. Tenemos que esperar a que lo podrido seque, caiga y deje de existir y que los retoños broten con buenas intenciones y se apoderen del árbol, para que éste luzca y se convierta en el nuevo y mejor México.
La educación es fundamental en los niños de hoy, ¡Mañana serán nuestros adalides! Enseñemosles pues la bondad, introduzcamosles a la cultura, al arte. Formemosles como líderes. Tomemosles en cuenta en nuestros planes del nuevo y mejor México, del cual ellos serán los protagonístas. No limitemos sus sueños y aspiraciones, al contrario, demosles alas para que cada vez pretendan algo más y mejor (claro, siempre y cuando ese algo y mejor tenga cabida en el nuevo y mejor México). ¡Cultivemos en ellos el orgullo de ser méxicanos! Que no sientan pena o se muestren cabizbajos por el hecho de serlo, al contrario, que siempre lleven la frente en alto, sintiendo la satisfacción de ser mexicanos.
¿Estoy soñando? Tal vez. Pero estoy convencido que éste si es posible. De hecho, es mi propósito tardío.