Sucedió en la ciudad , con rumbo de la Universidad, caminaba rápido, el reloj parecía obligarme, era una mañana fría pues el gran Tláloc así lo había querido. Nada me detedría en mi afán de llegar a buena hora, ni siquiera esos carros que amenazaban con mojarme una y otra vez. Iba en mi propio mundo pensando, meditando, reflexionando, calculando y recordando, con las manos en los bolsillos, medio titiritando. Llegaría a mi destino a tiempo, pensaba yo.
Nada me hubiera detenido, ni siquiera por la gentileza de dar a alguien la hora. Levante la cabeza, pues era tiempo de cruzar una calle, y ví algo que me obligó a detenerme, completamente, hasta se dibujó una sonrisita en mi rostro, de esas que te enchuecan un lado de la cara. Me encontré con un gigante, mexicano de nacimiento, no lo creía al principio.
Para suerte de todos, traía mi súper cámara conmigo, así que podrán ser testigos de lo que ví, así que no les hago la historia más larga, y les dejo su rostro.
Les dejo una breve reseña de los desmanes de este gigante, creo que hasta su página tiene. En fin, debo regresar a mis labores cotidianas.
Actualización: Acabo de leer en El Universal una nota, donde menciona que, si nada raro sucede, seguirá creciendo.