Archive for the 'Cultivando a Mǽxico' Category

La ley de Herodes

Monday, June 16th, 2008

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Este es un libro de cuentos, aunque debo decir anécdotas, de Jorge Ibargüengoitia.

En este mismo blog ya se había hablado de la vida de este autor y de una de sus novelas: “Las muertas”.

Las anécdotas que se presentan en “La ley de Herodes” son realmente divertidas, en más de una ocasión te logran arrancar la carcajada, y es que el estilo de Ibargüengoitia es único. Un lenguaje bastante fluido y un sarcasmo a flor de piel son algunas de sus características.

Las anécdotas van desde amoríos imposibles, contratos eclesiásticos, muertos, agentes encubiertos de la CIA, incluso hasta experiencias como “boy scout” del autor.

Les aseguro que pasaran un muy buen rato leyendo el libro, pero tengan cuidado, esta lectura puede ser adictiva.

La cuesta de las comadres

Wednesday, October 31st, 2007

adobe.jpeg—Oye —me atajó el Torrico—, Odilón llevaba ese día catorce pesos en la bolsa de la camisa. Cuando lo levanté, lo esculqué y no encontré esos catorce pesos. Luego ayer supe que te habías comprado una frazada.
Y eso era cierto. Yo me había comprado una frazada. Vi que se venían muy aprisa los fríos y el gabán que yo tenía estaba ya todito hecho garras, por eso fui a Zapotlán a conseguir una frazada. Pero para eso había vendido el par de chivos que tenía, y no fue con los catorce pesos de Odilón con lo que la compré. Él podía ver que si el costal se había llenado de agujeros se debió a que tuve que llevarme al chivito chiquito allí metido, porque todavía no podía caminar como yo quería.
—Sábete de una vez por todas que pienso pagarme lo que le hicieron a Odilón, sea quien sea el que lo mató. Y yo sé quién fue —oí que me decía casi encima de mi cabeza.
—De modo que fui yo? —le pregunté.
—¿Y quién más? Odilón y yo éramos sinvergüenzas y lo que tú quieras, y no digo que no llegamos a matar a nadie; pero nunca lo hicimos por tan poco. Eso sí te lo digo a ti.
La luna grande de octubre pegaba de lleno sobre el corral y mandaba hasta la pared de mi casa la sombra larga de Remigio. Lo vi que se movía en dirección de un tejocote y que agarraba el guango que yo siempre tenía recargado allí. Luego vi que regresaba con el guango en la mano.
Pero al quitarse él de enfrente, la luz de la luna hizo brillar la aguja de arria, que yo había clavado en el costal. Y no sé por qué, pero de pronto comencé a tener una fe muy grande en aquella aguja. Por eso, al pasar Remigio Torrico por mi lado, desensarté la aguja y sin esperar otra cosa se la hundí a él cerquita del ombligo. Se la hundí hasta donde le cupo. Y allí la dejé.
Luego luego se engarruñó como cuando da el cólico y comenzó a acalambrarse hasta doblarse poco a poco sobre las corvas y quedar sentado en el suelo, todo entelerido y con el susto asomándosele por el ojo.
Por un momento pareció como que se iba a enderezar para darme un machetazo con el guango; pero seguro se arrepintió o no supo ya qué hacer, soltó el guango y volvió a engarruñarse. Nada más eso hizo.
Entonces vi que se le iba entristeciendo la mirada como si comenzara a sentirse enfermo. Hacía mucho que no me tocaba ver una mirada así de triste y me entró la lástima. Por eso aproveché para sacarle la aguja de arria del ombligo y metérsela más arribita, allí donde pensé que tendría el corazón. Y sí, allí lo tenía, porque nomás dio dos o tres respingos como un pollo descabezado y luego se quedó quieto.

Fragmento extraído del cuento “La cuesta de las comadres”.
Juan Rulfo

Rumbo al día de muertos

Monday, October 29th, 2007

La procesión del entierro

La procesión del entierro en las calles de la ciudad
es ominosamente patética. Detrás del carro que lleva el
cadáver, va el autobús, o los autobuses negros, con los
dolientes, familiares y amigos. Las dos o tres personas
llorosas, a quienes de verdad les duele, son ultrajadas
por los cláxones vecinos, por los gritos de los voceadores,
por las risas de los transeúntes, por la terrible indiferencia
del mundo. La carroza avanza, se detiene, acelera de nuevo,
y uno piensa que hasta los muertos tienen que respetar las
señales de tránsito. Es un entierro urbano, decente y expedito.

No tiene la solemnidad ni la ternura del entierro en provincia.
Una vez vi a un campesino llevando sobre los hombros una
caja pequeña y blanca. Era una niña, tal vez su hija. Detrás de
él no iba nadie, ni siquiera una de esas vecinas que se echan el
rebozo sobre la cara y se ponen serias, como si pensaran en la
muerte. El campesino iba solo, a media calle, apretado el sombrero
con una de las manos sobre la caja blanca. Al llegar al centro de
la población iban cuatro carros detrás de él, cuatro carros de
desconocidos que no se habían atrevido a pasarlo.

Es claro que no quiero que me entierren. Pero si algún día ha
de ser, prefiero que me encierren en el sótano de la casa, a ir
muerto por estas calles de Dios sin que nadie se dé cuenta de mí.
Porque si amo profundamente esta maravillosa indiferencia del mundo
hacia mi vida, deseo también fervorosamente que mi cadáver sea
respetado.

Jaime Sabines

Los versos de Acuña

Wednesday, April 25th, 2007

Era de Coahuila, se suicidó a los 24, la causa, según dicen, una mujer. Pues bien, una de sus mas grandes obras de Manuel Acuña, que en lo personal me gusta mucho, es Nocturno a Rosario. La primera vez que lo escuché por ahí del ‘93, fue en una canción con el ya desaparecido también, cantante de la música vernácula, Chalino Sánchez, claro, en ese entonces no sabía el origen e ignoraba también que aquella versión estaba incompleta.

Cuando Acuña dejó de existir, el revolucionario y poeta José Martí le dedicó un escrito que vale la pena leer.

Les dejo lo que fuera el legado mas grande de Acuña: su sentir.

Nocturno a Rosario

I

¡Pues bien! yo necesito
decirte que te adoro
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto
al grito que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.

II

Yo quiero que tu sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías,
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías,
que ya no sé ni dónde
se alzaba el porvenir.

III

De noche, cuando pongo
mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho,
y al fin de la jornada
las formas de mi madre
se pierden en la nada
y tú de nuevo vuelves
en mi alma a aparecer.

IV

Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás,
y te amo y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más.

V

A veces pienso en darte
mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos
y hundirte en mi pasión
mas si es en vano todo
y el alma no te olvida,
¿Qué quieres tú que yo haga,
pedazo de mi vida?
¿Qué quieres tu que yo haga
con este corazón?

VI

Y luego que ya estaba
concluído tu santuario,
tu lámpara encendida,
tu velo en el altar;
el sol de la mañana
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario,
y abierta alla a lo lejos
la puerta del hogar…

VII

¡Qué hermoso hubiera sido
vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre
y amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma,
los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros
mi madre como un Dios!

VIII

¡Figúrate qué hermosas
las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
por una tierra así!
Y yo soñaba en eso,
mi santa prometida;
y al delirar en ello
con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno
por tí, no mas por ti.

IX

¡Bien sabe Dios que ese era
mi mas hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
bien sabe Dios que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
bajo el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vio nacer!

X

Esa era mi esperanza…
mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡Adiós por la vez última,
amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores;
mi lira de poeta,
mi juventud, adiós!

Alta traición

Sunday, April 15th, 2007

No amo mi Patria
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa;
varias figuras de su historia,
montañas
y tres o cuatro ríos.

-José Emilio Pacheco

Tololoche chicoteado

Monday, April 2nd, 2007

La música mæxicana es sin duda una de las características de nuestra cultura. Y no hablo de los grupos pop del momento (porque no creo que sea 100% nacional), sino que me refiero a la música nacida en nuestro territorio, la música tradicional de las diferentes regiones de nuestro país.

He aquí una muestra por más esplendida. Espero que lo disfruten tanto como yo.

Las muertas

Saturday, March 24th, 2007

Arcángela Baladro es propietaria del burdel, casa de cita, o como el lector quiera llamarle a este tipo de lugares, Calle del Molino. Tan bien le va en sus asuntos que tiene que buscar ayuda para la administración de uno nuevo, el México Lindo y no puede pensar en nadie más que en alguna de sus hermanas. Una de ellas, la puritana y moralista, no acepta, pero si Serafina.

El negocio va viento en popa, tanto que las Baladro tienen como clientes leales a diputados, presidentes municipales, jefes de policia y abogados, entre otros muchos personajes de alto rango. Tan fructuosa es la empresa, que se ven obligadas a abrir otro lugar porque con los que tienen no se dan abasto, el Casino del Danzón.

Es en este tiempo cuando las cosas comienzan a venirse en picada. Las leyes cambian y la prostitución es prohibida. Su abogado, en quien tienen mucha confianza, nada puede hacer para impedir que los locales sean clausurados. Dada esta situación, tienen que vender algunas de sus empleadas y poco a poco las cosas empiezan a empeorar, tanto así, que las pocas empleadas que conservan comienzan a morirse.

Las muertas es una novela que contiene el humor característico de Ibargüengoitia, comenzando por los nombres de los personajes como el capitán Bedoya y las ya mencionadas Serafina y Arcángela, los nombres de las locaciones, Pedrones, San Pedro de los Corrientes y Concepción de Ruiz y las innumerables aventuras de los primeros en los segundos que sin lugar a duda arrancará al lector varias sonrisas.


Las muertas, 1977
Jorge Ibargüengotia (1928 - 1983, escritor mexicano)

Jorge Ibargüengoitia

Tuesday, March 13th, 2007

Jorge Ibargüengoitia

Jorge Ibargüengoitia nació el 22 de enero de 1928 en Guanajuato, Guanajuato. Quedó huérfano de padre a los ocho meses, por lo que su madre se vio obligada a vivir nuevamente con su familia en la capital del país.

Estudió tres años en la facultad de ingeniería de la UNAM, pero renunció al darse cuenta que esa carrera no era para él y decidió establecerse en el rancho familiar para convertirse en agricultor.

No mucho tiempo después, en el año de 1951, gracias a un encuentro accidental con Salvador Novo y una de sus puestas en escena, decidió inscribirse en la facultad de filosofía y letras y comenzar su carrera como dramaturgo, siendo El Atentado (1962) su obra cumbre y la que le hizo ser merecedor del premio Casa de las Américas.

A raíz de este trabajo decidió cambiar un poco el rumbo y se dedicó a escribir novelas. Entre sus obras se encuentran Los relámpagos de agosto (1965), La ley de Herodes (1967), Estas ruinas que ves (1975), Las muertas (1977), Dos crímenes (1979) y Los pasos de López (1982).

Todas sus obras se caracterizan por alto contenido humorístico y sarcástico.

Ibargüengoitia falleció en un trágico accidente aéreo el 27 de noviembre de 1983.

José Vasconcelos

Tuesday, February 27th, 2007

Un día como hoy, pero de 1882, nació José Vasconcelos Calderón en la Ciudad de Oaxaca, Oaxaca, bajo el régimen porfirista. Comenzó sus estudios en lugares fronterizos entre México y Estados Unidos. Más tarde los continuó en el Instituto Científico de Toluca, en el Estado de México, y en el de Campeche, estado del mismo nombre. Después de la muerte de su padre, continuó su trayectoria académica en la Ciudad de México en la Escuela Nacional Preparatoria y posteriormente en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, en donde obtuvo el título de abogado en el año 1907.

Su primera incursión en la política fue en 1909, cuando se adhirió al Partido Antirreleccionista, comandado por Madero, y quien, a su triunfo, lo nombró director de la Escuela Nacional Preparatoria. Después, cuando Victoriano Huerta usurpó el poder, Vasconcelos se vió forzado a huir hacia el país vecino del norte, en donde fue contactado por Venustiano Carranza y designado para interceder ante los gobiernos de Estados Unidos, Francia, Inglaterra y otras naciones poderosas y solicitar su reconocimiento hacia Carranza como presidente de México. Al triunfo carranzista, José Vasconcelos volvió a estar a cargo de la ENP, pero sus críticas hacia el nuevo gobierno lo llevaron nuevamente a exiliarse a Estados Unidos.

Después de algunos años, Vasconcelos se unió al movimiento liderado por Alvaro Obregón para derrocar a Carranza. Al triunfo de este movimiento, en 1920, José Vasconcelos fue nombrado rector de la Universidad Nacional de México, hoy UNAM, por el entonces presidente constitucional Adolfo de la Huerta. Fue en este periodo, 9 de junio de 1920 a 12 de octubre de 1921, cuando propuso lema y escudo actuales de la Universidad.

Una vez que Obregón llegó a la silla presidencial, Vanconcelos fue nombrado Secretario de Instrucción Pública y estuvo en ese cargo de 1921 a 1924. Durante su desempeño, apoyó a muchos de artistas e intelectuales, convenciendo a algunos de ellos para que se establecieran en México, tal fue el caso de los muralistas Siqueiros, Orozco y Rivera.

En 1924 pasó a la oposición y presentó su candidatura a la gubernatura del Estado de Oaxaca y en el año 1929, apoyado por de toda una generación de estudiantes, Vasconcelos lanzó su candidatura a la Presidencia de la República, la que disputaría con el candidato del gobierno de Plutarco Elías Calles, Pascual Ortiz Rubio. En ambos procesos fue derrotado.

Decide salir del país y regresó en 1940 para dirigir la Biblioteca de México. Ingresó en el Colegio Nacional en 1943 como miembro fundador. En 1953 fue elegido miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

Ya para 1958, el destino tenía reservada para Vasconcelos una última satisfacción: en diciembre de ese año vería a uno de sus discípulos y organizador de su campaña presidencial en 1929, el mexiquense Adolfo López Mateos, convertirse en presidente de México. Murió en el barrio de Tacubaya, en la Ciudad de México, el 30 de junio de 1959.

Además de académico y político, José Vasconcelos es reconocido a nivel mundial como escritor y filósofo, resaltando sus trabajos Ulises Criollo, La Raza Cósmica, La tormenta, El Proconsulado y La Flama, entre otras obras muy importantes. Influyó notablemente en la definición de un panamericanismo basado en el mestizaje iberoamericano, a partir del cual se conformaría la raza cósmica, raza que estaría llamada, en no mucho tiempo, a ser depositaria del espíritu del mundo.

Silvestre Revueltas

Sunday, December 31st, 2006

Silvestre Revueltas nació en la tierra de nuestro amigo Luis Carlos, Santiago Papasquiaro, en el estado de Durango, el 31 de diciembre de 1899. Fue compositor de música clásica, violinista y director de orquesta.

Estudió en el Conservatorio Nacional de Música en la Ciudad de México, en la Universidad de St. Edwards, en Austin, Texas y en el Colegio de Música de Chicago.

En 1929 Carlos Chávez lo invitó como subdirector de la Orquesta Sinfónica de México, cargo que desempeñó hasta 1935. El y Chávez promovieron la música mexicana contemporanea y fue entonces cuando Revueltas se inicio como compositor.

Formó parte de una familia de artistas: sus hermanos Fermín y Consuelo fueron pintores, su hermana Rosaura fue actriz y bailarina, su hermano José fue escritor. Si hija Eugenia es ensayista y su sorbino Román, hijo de José, es violinista, periodista y pintor.

Compuso la banda sonora de varias peliculas, entre ellas ¡Vámonos con Pancho Villa!, en donde también aparece tocando el piano. Además, compuso música de cámara y algunas canciones. Entre sus obras destacan quince orquestales, la más importante de las cuales es, sin duda, Sensemayá, construida sobre los versos homónimos del poeta cubano Nicolás Guillén. Su música tiene claramente un gusto mexicano.

El 5 de octubre de 1940, poco antes de cumplir los 41 años de edad, murio de una neumonía complicada por su alcoholismo. Sus restos descansan hoy en la Rotonda de los Hombres Ilustres, en el Panteón de Dolores, en la Ciudad de México.